domingo, 22 de febrero de 2026

Nos urge educación ambiental

 


Por Claudia Posada

La situación que enfrentan comunidades y autoridades, tanto locales como subregionales, debido a los percances que se vienen sucediendo como consecuencia de los desbordamientos e inundaciones en varias zonas de algunos departamentos de Colombia, es mucho más grave de lo que vemos -muy, muy triste - a través de imágenes e informes de noticieros y redes sociales. Las causas de la tragedia, que apenas sí percibimos desde la comodidad de quienes no la estamos padeciendo, han sido expuestas por entendidos en asuntos semejantes. Hemos oído a los analistas y estudiosos quienes, en su gran mayoría, de manera muy objetiva hablan fundamentados en el conocimiento. Casi todos coinciden en que la principal causa identificada se concentra en las lluvias precipitadas muy por encima del promedio histórico, y se atribuye a frentes fríos (fenómeno meteorológico que arrastra “aire polar” a zonas cálidas, trastornando los climas) viajando desde el hemisferio norte; esto llevó a la acumulación de humedad en los suelos y a sistemas fluviales insuficientes para absorber o recibir tal cantidad de agua. A raíz de lo anterior, el exceso de lluvia elevó los niveles de los ríos, y, en consecuencia, el Sinú y el San Jorge se desbordaron causando inundaciones en las llanuras alcanzando zonas urbanas y rurales. Los afluentes se han mantenido tan altos que saturan los terrenos y se extienden por superficies ganaderas, agrícolas y además áreas pobladas.

Sabido -aunque algunos no lo aceptan- es lo dicho por científicos y autoridades meteorológicas que concuerdan en cómo el cambio climático está alterando los patrones, tanto de lluvias como de sequías.  En Colombia, los frentes fríos generaron lluvias intensas y prolongadas, las cuales, obviamente sin manera de prever, incrementaron las consecuencias de aguaceros no esperados. Hoy lo lamentamos y la realidad nos convoca a ser solidarios.  Por su parte el presidente Gustavo Petro, lógicamente preocupado con la situación aquejando a pobladores de Córdoba, Sucre, Antioquia, Guajira, Chocó y Magdalena; manifestó que el embalse Urrá, en Córdoba, podría haber influido en la inclemencia de las inundaciones, lo cual, no puede interpretarse como un despropósito del señor presidente, ni tampoco como descuido de los operadores del embalse; es posible que haya influido si es que allí se superaba el nivel de los limites de seguridad, lo cual no significa descuido al momento de la tragedia  sino que pudo darse fluidez natural de agua en un sistema ya sobrecargado, lo que pudo sumar volumen y velocidad a la trayectoria descontrolada. Se supo que la Central Hidroeléctrica Urrá I tomó medidas operativas luego de lo acontecido como fueron, por ejemplo, el apagar sus turbinas de generación de energía para disminuir descargas al Sinú, lo mismo que hacer uso exclusivo del vertedero, de manera que el agua saliera solamente por el denominado, también, rebosadero.  

De otro lado, se dijo que la Autoridad de Licencias Ambientales, ANLA, inició un proceso sancionatorio dado que el embalse, sistemáticamente, ha excedido los niveles de seguridad. Será su tarea averiguarlo. Por lo demás, lo cierto es que, en los desastres que llamamos naturales (Y no me refiero a este sucedido en Colombia) intervienen no pocas veces, además de la naturaleza, acciones irresponsables por desconocimiento, también de mala fe algunas veces, y muchas otras en razón de prioridades: Ambiciones desbocadas por encima del raciocinio.  Son muchísimas las prácticas que atentan contra el equilibrio ambiental. Bien vale la pena recordar que cometemos “crímenes ambientales” que nos perjudican a nosotros mismos, pero por igual, a infinidad de seres humanos y a seres sintientes que sufren las consecuencias por hechos o costumbres de arrogantes e insensibles.  A los habitantes de nuestro generoso planeta, bellamente nombrado por el Papa Francisco como “la casa común”, nos urge empaparnos más de su Encíclica Laudato Si, cuyo objetivo fue -según él mismo- “Proteger nuestra casa común por el bien de todos, abordando de forma equitativa la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la sostenibilidad ecológica”. Y si tal encíclica no fuera tomada simplemente como “material de la Iglesia Católica” sino como texto inspirado en principios de la convivencia humana en la “casa común”, podríamos entenderlo y aplicarlo a manera de guía para la educación ambiental.

martes, 11 de noviembre de 2025

No más burlarse del electorado

 


Por Claudia Posada

Los escenarios políticos no son muy limpios que digamos. ¡Nada qué hacer! En

las luchas por el poder tal parece que la consigna es “Todo se vale”. Y no

solamente es por conquistar el poder que no se ha tenido, también por

reconquistar el que se tuvo, o por permanecer en él. Como estamos en una de las

etapas de proselitismo previas a elecciones legislativas y a escasos meses de

tener nombres definitivos para disputar la presidencia de Colombia, el ruido de las

campañas sucias confunde y en consecuencia aturde. Somos los potenciales

electores quienes más nos quejamos de cómo nos agobian los rifirrafes que no

nos dejan ponderar sensatamente considerando que en particular, quienes no

pertenecemos a ninguna rama del poder público, es decir, no trabajamos con el

Estado, no tenemos interés distinto a ejercer un derecho ciudadano para contribuir

en democracia, con el ánimo de depositar un voto que sume para llevar al poder a

los mejores que de verdad busquen el bienestar del país; aunque a veces

quisiéramos ser como aquellos que no se dañan el día viendo o leyendo la

ordinariez de propaganda que inunda las redes sociales contra opositores, y

olvidarnos de campañas políticas.

Desde las acciones de campaña hasta el ejercicio del poder, una gran mayoría de

políticos mienten, simulan, disfrazan. Se burlan de los ciudadanos. ¿A quiénes

están dirigidas las campañas? Generalmente a grupos segmentados por edades,

estratos socioeconómicos (según necesidades básicas insatisfechas en unos y ya

satisfechas en otros) características geográficas, demográficas … pero a partir de

algunos años hacia acá, buscan emocionar a ciudadanos de supuestas tendencias

ideológicas con las que dicen entusiasmarse simplemente repitiendo lo reiterativo

en los discursos de los candidatos que les gustan, sin escudriñar. En anteriores

campañas, los electores decían ser liberales o conservadores, en ese sentido

optaban por el candidato oficial de su partido; ahora, según estudios de análisis

electoral, el comportamiento político del elector es muy distinto y como tal, la

estructura de campañas sí que lo es. Por ejemplo, Gustavo Petro fundamentó su

campaña en las promesas que se asocian a igualdad de oportunidades y el

rescate de una vida digna que disminuyera la desigualdad social tan gravemente

acentuada en el país; no importó a sus electores que los candidatos de derecha

aseguraran que un candidato de izquierda llevaría a Colombia a convertirse en un

Estado según el modelo venezolano. En cambio, la explicación del porqué

obreros y trabajadores de menores ingresos votaron (y volverán a hacerlo) por el

candidato de la derecha (en ese momento Rodolfo Hernández) fue cómo caló en

ellos el decir, por ejemplo, que con un gobierno de izquierda la inversión

escasearía y con ello los empleos. La izquierda populista del “kirchnerismo” en


Argentina, por ejemplo, prometía un Estado defensor de los pobres y enemigo del

neoliberalismo. Juzguen ustedes si hubo o no engaños. Eso es ponderar y sacar

conclusiones. Hagámoslo con respecto a legisladores y gobierno actuales.

¿Por qué decir que los políticos en campaña (y estando elegidos también) se

burlan de los ciudadanos? Pues porque las redes sociales facilitan la legitimación

de contenidos concebidos para engañar o mentir, para desprestigiar y confundir. Y

ellos lo aceptan. Es por la desconfianza creada por la misma clase política y

tantísima confrontación entre las extremas, que los potenciales electores están

pensando en el centro como alternativa electoral. Se vio en la encuesta reciente

que Sergio Fajardo arrastra simpatías, sin aspavientos, lejos de las garroteras

marca preferencias; lo mismo parece atraer de Iván Cepeda, inclusive dijo que no

quiere ir a debates que se perciban como camorristas, no quiere provocaciones

hirientes. En cambio, para los candidatos y precandidatos de la derecha las cosas

no andan bien, las preferencias están muy repartidas, y entre ellos hay duras

hostilidades incluso al interior de colectividades que fueron sólidas se ve tirantez.

Acuerdos que no cuajan, alianzas que no pelechan. Les va a tocar volverse serios,

no más burlarse del electorado como lo vemos en representantes de la izquierda y

de la derecha.

Cómo nos gustaría mayor compromiso de los medios con uno de los principios del

periodismo: equilibrio informativo. Pero si de asuntos políticos se trata es en donde

menos se están respetando principios éticos.

(Publicado en El Reverbero de Juan Paz)

Confrontemos discursos con hechos antes de decidir

 

Por Claudia Posada

Estamos a siete meses de la llamada primera vuelta para elegir al presidente de

Colombia que a partir del 7 de agosto del 2026 entre a ocupar la Casa de Nariño.

La jornada electoral para ese fin es el 31 de mayo del próximo año, fecha en la

cual elegiremos presidente y vicepresidente, siendo posible que de no tener

alguno de los candidatos la mayoría, habrá un mes después la segunda vuelta

para decidir definitivamente entre los dos primeros que es definido por la mayoría

de votos. En este momento estamos en la etapa en la que se van decantando

nombres, depuración que hacen las colectividades bajo distintos mecanismos. La

izquierda, con su consulta partidista ya determinó por la participación de los

ciudadanos seguidores de sus tesis, su preferencia, y es así como será Iván

Cepeda el político que se prepara para enfrentar la campaña que termina en mayo

pero que en el momento apenas sí tiene en conversaciones a los dirigentes que

buscan concretar nombres con los que competirán por el poder del gobierno

nacional. La tarea no está fácil. Cuando los aspirantes son tantísimos, cuando no

hay firmeza de convicciones y lo que se mira estratégicamente desde

conveniencias circunstanciales, no se enmarca en afinidades conceptuales,

ideológicas y mucho menos en propósitos que rigen los principios inspiradores del

ejercicio político, aparecen más reclamos que buenas alianzas.

Mientras tanto, en las bases de los partidos y en la ciudadanía en general, las

conjeturas se fundamentan en la credibilidad o no que se percibe cuando hay

interés en mirar posturas, declaraciones y, desde luego, comentarios, entrevistas y

en las inevitables redes sociales, con su seriedad y objetividad, algunas veces, o

acomodos a libretos (inclusive en medios tradicionales) más de lo creemos. Entre

comunidades organizadas, familias y grupos pensantes y participativos que se

prestan a los análisis sin apasionamientos, y fuertes e influyentes posiciones de

contratistas de profesión; también entre sectores con interés legítimos y otros no

tanto, se da más desconcierto y desconfianza que certezas. Ser capaces de

analizar, por ejemplo, las grandes diferencias entre los discursos de Gustavo Petro

e Iván Cepeda, siendo ambos representantes auténticos de la izquierda

colombiana (no aparecidos oportunistas) testimonia la incapacidad de definir

cuándo entre tantos aspirantes, que dicen ser de derecha, centro o izquierda, hay

congruencia entre lo que se dice, se siente y se manifiesta. Traducir a lo que se

espera a la hora de gobernar, con respecto al discurso de campaña, requiere la

juiciosa interpretación que sin duda no está aún posicionada en las mentes del

potencial votante. Confrontemos discursos con hechos antes de decidir a quien le

damos nuestro valioso voto.


Empecemos por aceptar que, los valores y principios de las distintas

características de quienes se postulan como representantes de una u otra

ideología, con hechos contradicen lo que predican. Si, por ejemplo, la derecha,

propende por la preservación de la identidad cultural, y, entre otras, la defensa de

la soberanía, pero las acciones de sus representantes no se compadecen con ese

principio, no podemos decir que son consecuentes con sus posturas. Si los de la

izquierda se quedan en el discurso porque a la hora del té confieren prioridades a

sus contrarios, ameritan cuestionamientos. Y si los que se dicen de centro, es

decir, ajenos a componendas de extremas, quizás no están equilibrando la libertad

económica con la justicia social, o acaso no promueven un cambio social gradual

fundamentado en las realidades del país, o ignoran el mercado con regulación,

ponen en duda sus auténticas determinaciones.

Miremos como provechoso el amplio abanico de candidatos, aunque será la

dirigencia política (con sus grupos de presión) la que defina nombres para entrar

en la contienda, entre tantos hay figuras conocidas que ya han mostrado su

talante, otras no tanto, pero estos deberán identificar sus apoyos pues de quiénes

se rodean cuenta mucho.

(Publicado en el Reverbero de Juan Paz)

domingo, 26 de octubre de 2025

“Fanatismo estructural”

Por Claudia Posada 

Sobre el festival de brujería que organizó Comfama y que se llevó a cabo en Medellín este 16 y el 17 de octubre, la caja de compensación en su página refirió así al certamen: “Brujería hace un llamado a celebrar, entender y valorar la otredad y las experiencias espirituales diversas (negrilla del original) en sus distintas manifestaciones y celebraciones rituales y materiales. Durante los dos días se presentarán demostraciones rituales colombianas como la Yonna guajira o los alabaos interpretados por cantaoras del Pacífico. También celebraremos los 50 años del icónico primer Congreso Mundial de Brujería, con charlas sobre historia, feminismo, arte y espiritualidad. Exploraremos la conexión de la cocina con los saberes ancestrales, como primer laboratorio de alquimia. Miraremos a las estrellas no para predecir un destino, sino para comprender el presente. Además, podremos cantar y bailar con Amanrouge y su romanticismo gótico, Bella Álvarez y Gabriela Poncese”. ¡Qué novedoso! O sea que, culturalmente y desde el punto de vista de vivencias que siguen existiendo entre algunas comunidades milenarias y en sentires comunes en nuestros propios ancestros no tan lejanos, u otros aún entre nosotros, los asistentes comprendieron -o se “encarretaron” tal vez- con testimonios de la esencia, o esencial, de mitos y rituales que se remontan a civilizaciones antiguas, aunque no faltarían las narrativas más nuevas cargadas de figuras como las adivinas; muchos recordaron seguramente textos literarios o las tradiciones orales que hablan de creencias y prácticas mágicas y es muy posible que supieran de supersticiones que sobreviven a la modernidad. En todo caso, fueron dos días para los que programaron “charlas, exposiciones, rituales, mercado y conciertos”, anunciaba Comfama en la promoción que hizo de su Feria Popular de Brujería. 

Creo que no haya ninguna otra caja de compensación en el país, como la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama. Es completísima en todo lo que respecta a ofrecer cursos y talleres dirigidos a distintos grupos por edades, necesidades y gustos, tienen actividades de formación en escritura, idiomas y tecnología; programas de vacaciones, adiestramiento deportivo, recreación, y hasta planes de vivienda; la entidad señala que a sus afiliados y a la población en general, con trifas diferenciadas, brinda “clases de yoga, danza, cocina y arte, además de planes de gimnasio, asesoría en salud mental, terapias y programas para reducir el estrés, mejorar la memoria y la autoestima. Vive experiencias que nutren cuerpo, mente y espíritu, mientras alcanzas tus metas de salud y felicidad”. Es decir, yo me quedo corta en enunciar su oferta, pero lo que quiero significar es que hablar a la ligera por convencimiento o para dárselas de muy cristianos, religiosos o temerosos de Dios, satanizando la feria popular con el nombre “Brujería”, rasgándose las vestiduras, es ignorancia, o hipocresía. A los espantados con el nombre de certamen, les hubiera convenido darse una pasadita por alguna charla evitando prejuicios. Deberíamos pensar si acaso Colombia está pasando por otra crisis grave: “Fanatismo estructural”. Éste se manifiesta en lo religioso (como ocurrió a raíz de la feria popular brujería) pero marcadamente en lo político, aunque no falta en uno que otro episodio deportivo; sin olvidar que hay fanáticos religiosos que llevan sus creencias radicales al campo político y lo amalgaman fundiendo juicios y credos. 

Fue así como hubo épocas de la violencia colombiana en la que desde algunos púlpitos se predicaba con odio en contra de idearios liberales. Ahora son los discursos incendiarios de las extremas los que mezclan fe con doctrinas, ideología y supersticiones. Candidatos presidenciales que antes de su aspiración se declaraban ateos, ya resultaron fieles seguidores de Cristo por conveniencia electoral. El mismo fanatismo estructural hace que una sociedad se enferme. Así sentimos el país, enfermo. Se alteró la salud colectiva por razones de distinta naturaleza, y entre tales orígenes está la polarización política. La clases dirigentes, económicas y políticas perdieron la noción de bienestar común. Desde las instituciones que contemplan sus deberes como mera disculpa para defender lo que llaman “independencia de poderes”, salen voces descompuestas que atizan las hogueras, con sus enfrentamientos interminables. Pero no es solamente en las altas esferas, ni únicamente en los escenarios de poder y decisión en donde se olvidó la sensatez, el buen juicio, la sabia ponderación para sanar el clima enrarecido que nos agobia; no, otros espacios son invadidos también por el accionar irreflexivo, la imprudencia, e intolerancia demostrada con agresiones, o con amenazas bate en mano como la actitud beligerante del concejal de Medellín que vociferó sandeces en una reciente marcha en la que muchos hicieron pacíficamente uso del derecho a la protesta, mientras otros, cubriendo con capuchas sus malas intenciones, fueron violentos. 

Es difícil para nosotros los ciudadanos del común, entender el porqué del descontrol que impide lo que esperamos de la fuerza pública, individualizar a los vándalos. Pero volviendo al tema de la “brujería”, sorprende que se alcen voces de figuras públicas, y salgan con pancartas ciudadanos en distintas ciudades, muy enfadados por ese tipo de certámenes que duró dos días, reclamando el supuesto malgasto de los recursos de Comfama; y en cambio, los pronunciamientos de alcaldes como el de Medellín, casi a diario, insistiendo en polarizar, sin duda con tono arrogante y pendenciero, no produce malestar público, siendo evidente que sus posturas manifiestas, lo mismo que las del presidente Petro por el enfrentamiento que mantienen, agudizan el fanatismo estructural ideológico que ambos alimentan con sus rabias personales.